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3D PrintBarcelona

¿Me compro una impresora 3D o encargo las piezas?

La cuenta completa de tener impresora propia — máquina, material, fallos y tu tiempo — frente a encargar, y el número de piezas al año en que cambia la respuesta.

6 min de lectura

Somos un taller de impresión, así que este artículo va contra nuestro interés a corto plazo. Lo escribimos igual, porque la mitad de la gente que nos pregunta esto debería comprarse una impresora y se ahorraría dinero y frustración conociéndolo antes.

La cuenta que casi nadie hace entera

El precio de la máquina es la parte visible y la menos importante. Una impresora decente hoy cuesta menos que un buen teléfono. Lo que la gente no suma es todo lo demás.

  • El material. Bobinas, y bobinas de más de un color, y bobinas que se te humedecen si no las guardas bien.
  • Los consumibles. Boquillas que se desgastan, láminas de cama, correas, un ventilador cuando toca.
  • Los fallos del principio. Todo el mundo pasa por una fase de piezas despegadas y espaguetis. Es material, electricidad y tiempo, y es inevitable.
  • Tu tiempo. Aprender el laminador, orientar, calibrar, limpiar la cama, quitar soportes. Es la partida más cara de todas y la única que nadie apunta.
  • El sitio. Una impresora hace ruido, huele según el material y ocupa una mesa. En un piso pequeño eso no es un detalle.

Cómprate una impresora si…

  1. 1Vas a imprimir más de una vez al mes, de forma sostenida. Por debajo de esa frecuencia, la máquina se pasa la vida apagada y volviendo a ella se te olvida todo.
  2. 2El proceso te interesa. Si te apetece entender por qué una pieza sale mal, la impresora es un pasatiempo excelente y un servicio no te da eso.
  3. 3Iteras mucho y rápido. Diez versiones de una forma en una semana es exactamente para lo que sirve tener la máquina al lado.
  4. 4Las piezas son pequeñas, en PLA y sin exigencias. El caso más fácil, y el que menos margen deja a un servicio frente al esfuerzo de encargarlo.

Encarga si…

  1. 1Necesitas una pieza, una vez. Comprar una máquina para un repuesto es como comprarse un torno para hacer un tornillo.
  2. 2Hay una fecha. Una impresora nueva y una entrega el jueves es una combinación que sale mal con una regularidad notable.
  3. 3La pieza necesita algo que una máquina doméstica no da: ABS sin agrietarse, resina de detalle, TPU flexible, o más de 25 cm.
  4. 4Tu hora vale más que el precio de la pieza. Si eres profesional, cuatro horas peleándote con un laminador cuestan más que el pedido entero.
  5. 5Necesitas repetir la misma pieza igual dentro de un año, con factura. Eso es un proceso, no un cacharro.

El punto de corte, en números

Redondeando mucho: si imprimes menos de cinco o seis piezas pequeñas al año, encargar sale más barato aunque solo cuentes el dinero, y muchísimo más barato si cuentas tu tiempo. Entre seis y veinte al año, la cosa se iguala y decide todo lo demás — las prisas, los materiales, si te divierte. Por encima de eso, y siempre que sean piezas sencillas, la máquina propia gana. Un servicio sigue teniendo sentido por encima de ese umbral solo para lo que tu máquina no puede hacer: materiales difíciles, tamaño, series y las entregas que no admiten un fallo.

¿Cuánto cuesta mantener una impresora 3D al año?

Entre material, consumibles y electricidad, un uso doméstico moderado se mueve en el orden de un par de bobinas y algún recambio. La partida que de verdad domina no aparece en ninguna factura: son las horas que le dedicas, y cuántas sean depende sobre todo de lo exigente que seas con el resultado.

Tengo impresora pero esta pieza no me sale. ¿Podéis imprimirla vosotros?

Sí, y es un encargo habitual: piezas grandes que no caben, materiales que una máquina abierta no lleva bien, o una pieza que tiene que salir bien a la primera. Cuéntanos qué has probado y qué falló; ahorra tiempo y suele apuntar directamente a la orientación o al material.

¿Para una empresa compensa montar impresoras propias?

A partir de un volumen constante, sí, pero la cuenta no es la máquina: es la persona. Una impresora sin alguien que la conozca produce piezas fallidas y plazos incumplidos. Lo que suele funcionar es empezar encargando fuera, medir cuánto se imprime de verdad durante seis meses, y decidir con ese dato en vez de con la previsión.

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