¿Me compro una impresora 3D o encargo las piezas?
La cuenta completa de tener impresora propia — máquina, material, fallos y tu tiempo — frente a encargar, y el número de piezas al año en que cambia la respuesta.
Somos un taller de impresión, así que este artículo va contra nuestro interés a corto plazo. Lo escribimos igual, porque la mitad de la gente que nos pregunta esto debería comprarse una impresora y se ahorraría dinero y frustración conociéndolo antes.
La cuenta que casi nadie hace entera
El precio de la máquina es la parte visible y la menos importante. Una impresora decente hoy cuesta menos que un buen teléfono. Lo que la gente no suma es todo lo demás.
- El material. Bobinas, y bobinas de más de un color, y bobinas que se te humedecen si no las guardas bien.
- Los consumibles. Boquillas que se desgastan, láminas de cama, correas, un ventilador cuando toca.
- Los fallos del principio. Todo el mundo pasa por una fase de piezas despegadas y espaguetis. Es material, electricidad y tiempo, y es inevitable.
- Tu tiempo. Aprender el laminador, orientar, calibrar, limpiar la cama, quitar soportes. Es la partida más cara de todas y la única que nadie apunta.
- El sitio. Una impresora hace ruido, huele según el material y ocupa una mesa. En un piso pequeño eso no es un detalle.
Cómprate una impresora si…
- 1Vas a imprimir más de una vez al mes, de forma sostenida. Por debajo de esa frecuencia, la máquina se pasa la vida apagada y volviendo a ella se te olvida todo.
- 2El proceso te interesa. Si te apetece entender por qué una pieza sale mal, la impresora es un pasatiempo excelente y un servicio no te da eso.
- 3Iteras mucho y rápido. Diez versiones de una forma en una semana es exactamente para lo que sirve tener la máquina al lado.
- 4Las piezas son pequeñas, en PLA y sin exigencias. El caso más fácil, y el que menos margen deja a un servicio frente al esfuerzo de encargarlo.
Encarga si…
- 1Necesitas una pieza, una vez. Comprar una máquina para un repuesto es como comprarse un torno para hacer un tornillo.
- 2Hay una fecha. Una impresora nueva y una entrega el jueves es una combinación que sale mal con una regularidad notable.
- 3La pieza necesita algo que una máquina doméstica no da: ABS sin agrietarse, resina de detalle, TPU flexible, o más de 25 cm.
- 4Tu hora vale más que el precio de la pieza. Si eres profesional, cuatro horas peleándote con un laminador cuestan más que el pedido entero.
- 5Necesitas repetir la misma pieza igual dentro de un año, con factura. Eso es un proceso, no un cacharro.
El punto de corte, en números
Redondeando mucho: si imprimes menos de cinco o seis piezas pequeñas al año, encargar sale más barato aunque solo cuentes el dinero, y muchísimo más barato si cuentas tu tiempo. Entre seis y veinte al año, la cosa se iguala y decide todo lo demás — las prisas, los materiales, si te divierte. Por encima de eso, y siempre que sean piezas sencillas, la máquina propia gana. Un servicio sigue teniendo sentido por encima de ese umbral solo para lo que tu máquina no puede hacer: materiales difíciles, tamaño, series y las entregas que no admiten un fallo.
¿Cuánto cuesta mantener una impresora 3D al año?
Entre material, consumibles y electricidad, un uso doméstico moderado se mueve en el orden de un par de bobinas y algún recambio. La partida que de verdad domina no aparece en ninguna factura: son las horas que le dedicas, y cuántas sean depende sobre todo de lo exigente que seas con el resultado.
Tengo impresora pero esta pieza no me sale. ¿Podéis imprimirla vosotros?
Sí, y es un encargo habitual: piezas grandes que no caben, materiales que una máquina abierta no lleva bien, o una pieza que tiene que salir bien a la primera. Cuéntanos qué has probado y qué falló; ahorra tiempo y suele apuntar directamente a la orientación o al material.
¿Para una empresa compensa montar impresoras propias?
A partir de un volumen constante, sí, pero la cuenta no es la máquina: es la persona. Una impresora sin alguien que la conozca produce piezas fallidas y plazos incumplidos. Lo que suele funcionar es empezar encargando fuera, medir cuánto se imprime de verdad durante seis meses, y decidir con ese dato en vez de con la previsión.